viernes, 27 de diciembre de 2013

Pasará

Pasará
“Somos prisioneros aquí, de nuestro propio dispositivo… puedes checarlo cuando quieras, pero jamás podrás salir” The Eagles

Se asoma el sol por la ventana, al mismo tiempo escucho el ruido de perros emocionados por la llegada del mañana, ese que nunca llega porque está presente en cada una de mis células, ese que me acompaña desde mi nacimiento y se aloja en mi cerebro.
Emito un S.O.S. que nadie escucha, nadie está presente. Observo mi cama y el filo de tu piel me hace suspirar. ¿Seré inmune al calor de tu cuerpo? Es posible. Después de meditarlo, te veo dormir, aún es temprano.
Al mirarme al espejo recuerdo tantas cosas, tantos momentos: hace algunos años, hace un mes, ayer, hace un segundo. Que gran error ha sido creer que seremos eternos; el tiempo me alcanza y me cansa poco a poco y no poseo el control. ¿Será una venganza cerebral?
Camino lentamente hacia mi propia decadencia, a mi propia muerte, en una rutina que constantemente termina y se repite a lo largo de mi vida. Desisto y me quedo quieto, no he notado que aún no son ni las seis y estoy desnudo. ¿Quién iba a decirlo? ¿El corazón?
Hoy dice el periódico lo mismo que ayer: nadie habla de sus pasiones, nadie habla de ti ni del embriagante vino de tus labios; todo es muerte, desolación, un pobre diablo que padece de insomnio en las calles, sobresaltos en las carteras que en su mayoría están vacías, curiosos bichos que escriben eventos y circunstancias que sólo después de ti son verosímiles, manos desgarradas, borrachos obsesos de amor, escenarios fríos. Suena muy cruel, pero una roca se estrella en el papel, efímera ortografía del cielo y la tierra, guerras que no valen la pena para los que las pierden en el silencio de un beso.
Manos que corren al ordenador, nombres que se repiten, páginas saturadas, llenas de vicios, de pornografía, de erotismo y de banalidades, llenas de todo el conocimiento y de nada que abarcan todo y que enseñan sin decir palabra; balcones cubiertos de lluvia, que me dictan cómo vivir, cómo no hacerlo, ideas de pertenencia sobre algo que no existe.
Aburrido, casi no veo a nadie: Vorágine de paredes sin fe, utopías actuales que fueron sueño de mil padres, humo e intento de juramentos, igualdad de caracteres, ausencias latentes, enésima autobiografía que no sirve de ejemplo, de males sin cura y de una duda sin censura más grande que el mar.
Es terrible no despegarse del monitor, regente, y director de mi orquesta; al apagarlo ¿vulnerarán los mandamientos de la humanidad? O es sólo su desprecio por aquello que no es útil. Arrojo mi celular a través de la puerta y carroñeros velozmente lo recogen. ¿De dónde han salido?
En mi ser, una obsesión por develar los secretos de mi historia, por encontrarte en una plaza y alguna otra casualidad. ¡Que sorpresa que al mirarte, aún conserves ese encanto en tus ojos, esa sonrisa tan especial que es más radiante en persona, que no se parece en lo absoluto a la de tu perfil social!
Al abrir tu boca me das la libertad para llorar, para no sentirme solo en esta ciudad tan llena de personas, de gente que no desea escuchar; de hombres y mujeres que se repiten todos en un cuarto de hora, que encuentro en las calles, en el café, en la oficina, en el transporte público y aún así no los conozco, que tienen aún mucho qué decir, que al igual que yo se sienten solos.
Y aún entre el whisky, percibo las risas fingidas de quienes creo conocer, fiestas efímeras, convivencias absurdas, charlas bajo un cielo cubierto de smog, reflexiones de hacia dónde se dirige mi vida. Música estridente, vidas que transforman, que trastornan, que vienen y van, meriendas y antros, bares cubiertos de Verdad. No hay capitanes que dirijan a la Alegría, ¿podrás volar? ¿Cómo es volar al más allá en tiempos de primavera?
Nada me deja más en soledad, que tu alegría si se va, qué me importa que lleguen cien mails, que suene mi celular, que dejen veinte o treinta comentarios en las páginas de mi red social; si tus lágrimas llegan al fondo de mis ríos.
¿Adaptarme al frío? Asesinos en el cine, violadores en la televisión, bla bla, sueños equivocados, pesadillas aceptadas como lo más común. Besos que mueren antes de nacer. Denuncias, malos tratos, acostones entre la razón y el deseo, cosas de enamorados, una última guerra con mandos a distancia, ¿vale redundar que llueve sobre mojado? ¡Ya somos demasiados!
El sol es incapaz de curar el frío de tantos huesos. Todo el año llueven niños con miradas de adultos sin ilusión y sin sueños, individuos, un número creciente de masas sin forma, que se unen a la intangible marea de la raza humana, personas que no desatancan, que sacan sus garras y resuelven con odio acciones de odio mismo, deportes, medallas, villas olímpicas de vidas claustrofóbicas.
Cosas y más cosas, vestidos, panes acartonados, miel artificial; uno y cientos, millones de esclavos del reloj, pasajeros de un taxi que no va a ningún lugar, años que se escurren entre mis dedos, poetas muertos, canciones huecas, llenas de vida, sueños y deseos irrealizables por ser tan grandes.
Modas que no se usan ya pero que seguramente volverán, cantos y oraciones a dioses sordos, gritos de desesperación, y falsas esperanzas por héroes que nunca llegan; preocupaciones tan idiotas como el final de esta novela, artistas que ya no son de barro, que son de plástico, ataúdes vivientes, hermosos por fuera y podridos por dentro, letrinas en las que nos sirven alimento.
Bancas de parques vacías, trenes sin destino, aceras sin sitio para estacionarse, regalos sin abrir, cartas que jamás se leen, buenos momentos y nostalgias por todo lo que ya se fue. Seguiré contigo o sobre ti, no me importa, lo que deseo es sobresalir. En mi vida ya no hay lugar para ti.
Pero ojalá, si alguien te ve, luzcas mejor, porque de ti sigo enamorado, no puedo apartar los ojos de tu fotografía. Y aunque nunca he estado mejor, al final te lo voy a agradecer, eras demasiado buena para ser real; y aquí, nuestro hijo ha muerto de desinterés, de inanición, de sed, y de estupidez. Te Amo dama oscura que te alimentas de mis neuronas ya atrofiadas de tanto internet.
 No me dejes, no destruyas lo que he construido a tu alrededor, dulce ángel que desgarras la mierda, que muerdes la mano que te ha alimenta, cruel tecnología de todos mis días, no dejes que el amor muera, que caiga la moneda, no muerdas el anzuelo en el que morirás sin sentirlo.

No miras a nadie tras de ti, pero te conozco, actuando con violencia solamente para que te miren. Cada noche típica, hermética, caricias de hierro, ¿por qué te asustas? Tu vida pende de un hilo muy fino, confuso y nervioso ante los intrusos. ¿Pretendes que te tome en serio?Tan sólo practico mi arte atípico en cualquier país, cualquier acera sin esferas. Pero, dime ¿por qué te duermes? Se te pasa la vida y ¿no lo entiendes?
Comercializando símbolos de paz y convirtiéndolos en logos de grandes empresas, ciclos vitales en espiral, educación que inspira desmotivación, tristeza y confusión en una sociedad de hombres perfectos, dueños del mando, mafias y magias absurdas, suicidios con el diablo en la saliva. Parricidas que ostentan grandes llaves y rostros amables.

Antoni Morales